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max barbosaMax Barbosa (Palma Soriano, Santiago de Cuba)

Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente. Integró los elencos de las agrupaciones Teatro Juvenil de La Habana y las Brigadas Artísticas Francisco Covarrubias. Laboró durante diez años en TeleRebelde - hoy TeleTurquino-, Santiago de Cuba, como actor, escritor y conductor del programa La Trova Santiaguera. Incursionó en la actuación radial en la emisora provincial CMKC. Reside en Miami. Aquí ha escrito para varias publicaciones locales, entre estas, La Voz Católica, El Nuevo Herald, Éxito así como en mundolatino.com (New York) y cubaencuentro.com (Madrid).Dos de sus entrevistas fueron escogidas por la editorial Aduana Vieja para su antologia La crónica más larga. Periodismo cubano en el exilio ( Madrid,2016).  Es periodista de www.teatroenmiami.com desde el pasado siglo.

LA TECTÓNICA DE LOS SENTIMIENTOSMax Barbosa – www.TeatroenMiami.com

(Es posible pasar del amor al odio en segundos aunque jamás hubo esa intención)

El pasado 19 de enero vio la luz en Miami dirigida, adaptada y traducida por Yoshvani Medina. El texto original pertenece a Eric-Enmanuel Schmitt (Lyon, France, 1960), multipremiado escritor y dramaturgo. Baste decir que la Academia Belga de Lengua Francesa lo premió con el  número  33, cuyos dueños anteriores fueron Colette y Cocteau. Vive en Bruselas.

Entrevistar a Yoshvani siempre es novedoso por su viviente irreverencia.

 Es él, no lo duden:

            En el TEMFest 2013 dirigiste Cólera Island con las actuaciones de Edward Nutkeiwicz y Renato Campilongo. Ahora presentas Tectónicas de los sentimientos. ¿Cuál es tu motivación para retomar la obra de Schmitt?

Eric-Emmanuel Schmitt es uno de los tres mejores dramaturgos franceses del siglo XXI, junto con Florian Zeller y Yasmina Reza. Pero a diferencia de los otros dos, Schmitt es un filósofo y un poeta, y eso lo acerca definitivamente a mi dramática, esa manera densa, lírica y abarcadora de concebir las obras, con grandes tiradas en las que se comprometa el pensamiento contemporáneo, en las que se apunte y se dispare a los grandes conflictos de nuestro tiempo. Nuestras obras no se parecen, pero cuando yo traduzco a Schmitt hay una uniformidad de estilo, una coherencia en la urdimbre de las palabras, en el corte de las oraciones, en el tono del discurso, que no pertenece ni a Schmitt ni a mí. Es la maravilla que brota de la célebre traición del traductor, que en mi caso es una traición benigna, de una fidelidad inclusiva.

            ¿Qué conservas del texto original?

Casi todo. Corté para aligerar ciertos pasajes, escribí algún parlamento que necesitaba para acoplar ciertas transiciones; le acentué determinado matiz a algún personaje, siempre consciente de que tocar un ladrillo del andamiaje dramático de Schmitt significa mover el edificio entero. Pero su brillante teoría sobre el amor, los celos, la inseguridad o el desamor yace incólume a lo largo de las veinte escenas y cien minutos de la obra.

            Hoy se habla de “formas teatrales” (Patrice Pavis) por el eclecticismo de los procedimientos. Sin embargo, llevas a escena una “comedia dramática” cuando disfrutas “romper las formas”. ¿A qué se debe?

Escuché a Patrice Pavis hablar de las “formas teatrales” en la Chartreuse de Vilenueve-lez-Avignon, el Centro Europeo de Escrituras de Espectáculos, en 2001. Yo estaba en residencia de autor para la escritura de mi obra “Circuitfermé”, y por allí solían desfilar los monstruos del pensamiento europeo, desde Jerzy Grotowski, que había estado unos meses antes de su muerte, hasta Yves Lavandier. Su “Diccionario del Teatro” fue el libro de teatro francés más influyente y esclarecedor desde que Artaud escribiera “El teatro y su doble”. No se trata de romper las formas, se trata de romper la forma de encontrar las formas. No soy un amante de los culebrones, pero ¿qué tal si intentáramos entregar a Sarah Kane en el registro de una telenovela?  El solo hecho de evocar la posibilidad suena a blasfemia, y ese ruido, ese impromptu, esa energía del bache es la que suelo aprovechar para encontrar los ángulos de ataque y entrega de un texto dramático o cómico. En el caso de “La tectónica de los sentimientos” se trata de ambos. Conclusión, yo no me detengo en formas establecidas, yo busco la forma de encontrar la forma, y esa búsqueda de la forma, a veces, es más interesante que el encuentro de la forma misma.

            ¿Crees que la fábula resulte verosímil, sobre todo, su contextualización en Miami?

La dramaturgia es un eterno combate contra lo inverosímil; es normal que usted se pregunte eso, porque en el momento en que me lo pregunta la obra no había sido estrenada. Hoy, sabiendo lo que pasó este fin de semana, es muy fácil decirle que los resortes dramáticos de esta obra funcionan de maravilla, que el público muerde el anzuelo desde el principio, ríe y sufre con los personajes, y finalmente aplaude agradecido.

            Te has referido al meritorio trabajo actoral abundantemente. El actor es vulnerable a las opiniones a favor o en contra. Es decir, ¿ellos entregarían sus vidas en el escenario después de tanta alabanza?

Las artes evolucionan constantemente. El arte del director de teatro, que fue reconocido a fines del XIX, también tiene que adaptarse a nuestro tiempo. Se sabe que el proceso de inserción, desarrollo y resultado de una performance interpretativa sucede a 99% en el órgano de actuar, que es el cerebro. Y un director que no se invente las herramientas para influir psicológicamente en sus actores, está actuando a nivel superficial. De la misma manera que el béisbol se inventó la sabermetría, utilizando las estadísticas, los directores de intérpretes contemporáneos tienen nuevas herramientas de (re)presión y estimulación para con sus actores, cuando no existen los contratos legales. Soy un productor independiente y alternativo, no puedo permitirme el lujo de un error de casting, debo llevar mis barcos a buen puerto, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, contra motines y vendavales. Por eso tengo una idea muy clara de las dinámicas de grupo en mis elencos, sigo de cerca la reacción de cada intérprete a la competencia interna, y su proyección en las redes sociales. Los directores de nuevo tipo saben que cada vez que uno halaga a alguien, públicamente, está fustigando a otro; que el halago ajeno tiene una función tan eficaz como la reprimenda directa, y es que cuando yo publico un escrito, el gran público lee una cosa, pero mis actores entienden otra. Muy poca gente me vio bravo, casi nadie me vio fuera de mí, jamás me dio un ataque de histeria o de violencia, pero someto a mis actores a una exigencia máxima, sin que ellos mismos se den cuenta de los múltiples vectores en los que puede proyectarse mi influencia. Mi trabajo continúa después de los ensayos, no solo enviando mis notas a los actores, sino publicando fragmentos de ellas en las redes sociales. Nada impacta más a un actor que ver publicada una crítica en su contra en forma de elogio. 

            Agregar lo que consideres conveniente.

Agradecerte estas preguntas que me obligan a mirar mi trabajo desde adentro. Un día te entrevistaré yo, y nos divertiremos de lo lindo.

Max Barbosa: Alea iacta est


La tectónica de los sentimientos. Dirección, traducción y adaptación, Yoshvani Medina. Actúan: Antonio Hernández, Catalina Arenas, Suzette Silva, Ivette Kellems, Rocio Candano y Yazz Giraldo. Viernes y sábados, 8:30 pm. Domingos, 6:00 pm. Hasta el 11 de febrero. Artefactus Theater, 123 SW 133 Rd, 33186. Teléfono: 786-704-5715.

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